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Reconocer y nombrar las emociones: una práctica cotidiana

Una actividad breve para observar lo que sientes, distinguir señales corporales y elegir una respuesta con mayor conciencia.

A veces sabemos que algo nos pasa, pero sólo alcanzamos a decir “estoy mal”. Ampliar el vocabulario emocional puede ayudarnos a distinguir experiencias parecidas y comunicar con mayor precisión lo que necesitamos.

Una emoción tiene varias capas

Podemos observar sensaciones corporales, pensamientos, impulsos de acción y el contexto en que aparecieron. Ninguna señal aislada permite diagnosticar una emoción con certeza: un corazón acelerado puede acompañar miedo, entusiasmo, esfuerzo físico o muchas otras experiencias.

Ejercicio en cuatro pasos

  • Pausa: detente un minuto y nota tu respiración sin intentar cambiarla.
  • Observa: ¿qué sensaciones aparecen en mandíbula, pecho, estómago, manos o espalda?
  • Nombra: prueba con dos o tres palabras específicas, por ejemplo frustración, decepción, alivio o temor.
  • Elige: pregúntate qué necesitas ahora y qué acción sería coherente con tus valores y con la situación.

Una rueda de emociones puede funcionar como apoyo de vocabulario, no como test psicológico. Si ninguna palabra encaja exactamente, puedes describir la mezcla: “siento pena y también alivio” o “estoy enojado/a y asustado/a”.

Regular no es apagar

Reconocer una emoción no obliga a actuar según el primer impulso. Puedes validar el enojo y decidir no agredir; reconocer el miedo y pedir apoyo; aceptar la tristeza y continuar con una tarea pequeña. La regulación consiste en responder de manera flexible, no en sentirse bien todo el tiempo.

Fuentes y lecturas recomendadas

  1. Ozomaro y colaboradores (2025). Granularidad emocional en salud y psicopatología: revisión de alcance.
  2. Fernández, Dufey y Mourgues (2007). Expresión y reconocimiento de emociones.

Este contenido es educativo y no reemplaza una evaluación, diagnóstico ni tratamiento profesional.